miércoles, 20 de agosto de 2008

Secuela Helénica (Clark Ashton Smith)


I

Cielos de mármol verde
Abovedaban la colina teñida de múrice
En la tierra de sueño donde encontré
Vides florecientes que abrazaban y coronaban
Una columna estríada aún intacta,
Encantadora, antigua y Griega.

II

Cerca de la columna,
En la corriente que discurría
Desde los veneros del poniente,
Escuché cantar a la náyade solitaria,
Encomiando las pobladas enramadas de su hogar.
Más dulce que el silencio era su canción,
Más dulce que el sueño su respuesta
Cuando hablé:
Raudos entonces sus brazos fríos me envolvieron
Antes de despertar.

martes, 19 de agosto de 2008

Los Señores del Dolor (George Sterling)


Los Señores del Dolor son más fuertes en la noche:
Con premura, según cerraba la tiniebla el día sombrío,
Dispusiéronse -en qué hostil alineación
No pude verlo- sólo conscientes de su fuerza,
Mientras, entre el vuelo insoportable de las horas
Y el desmayo recurrente del espíritu,
Forjaban dolorosamente su voluntad sobre la arcilla,
Hasta la tregua de la morosa luz del alba.
No es así, ¡Oh Vida! como yo querría dejarte...
Abandonando al dictado de la Agonía
Las luces y las sombras de tu dominio;
Mas tan confortado al gozar de un respiro
Como alguien exhausto en una tierra de crepúsculo,
A quien la Música lleva al Sueño, y el Sueño a la Muerte.




Invocación a Hécate (Aleister Crowley)


¡Oh triple silueta de oscuridad! ¡Esplendor sombrío!
¡Tú, luna celada a los hombres! ¡Tú, espantable cazadora!
¡Tú, coronado demonio de los muertos sin corona!
¡Oh senos de sangre, tan amargos y tan tiernos!
¡Celada de la amena primavera,
Permite que la ofrenda
Yo rinda al sepulcral destello de tu altar!
¡Yo sacrifico la bestia negra! Yo hago entrega del brote
Sembrado en el crepúsculo, y cosechado en la penumbra
Bajo la luna menguante,
Cuando la medianoche apenas hace relumbrar el Este;
Y el cordero negro del extinto vientre de la oveja negra
Te rindo, y entono la lenta melodía infernal
Que conviene a tu escogido sacerdote.


Aquí donde la franja del Océano irrumpe en el camino
Hollado de negro, que se inclina intensamente, hacia el abismo,
Te he de saludar con el beso innombrable
Exhalado hacia la morada más remota
De tu deseo supremo. Yo he de prender el fuego
Desde el cual tus salvajes estrigas seguirán el son de la lira,
Desde el cual tus Lémures se congregarán y se alzarán en torno,
Cercándome en el triste campo de muerte
Con sus rostros vueltos,
¡Mi rostro demudado! Yo he de consumar
El obsceno acto de veneración, ¡Oh celebrado
Horror sobre la tierra, y horror en el infierno, y negro
Horror en el cielo más allá del Destino!

¡Escucho el lamento de tus lobos! Escucho
El aullar de los sabuesos en torno a tu silueta,
Que llega en el terror de tu tormenta,
Y la noche cae más rápido, antes de que tus ojos se muestren
Destellando en la niebla.
¡Oh rostro de mujer nunca besada
Salvo por los muertos privados de amor sin saberlo!
¡A ti, a ti te llamo! ¡Oh funesta!¡Oh divina!
Yo, el único mortal, busco tu altar de muerte,
Vierto el oscuro chorro de sangre,
Un río somnoliento y reticente
Incluso mientras te acercas, con tus ojos en los míos,
Hacia mí cruzando la corriente adormecedora
Que retiene mi alma para siempre!